Lunes 23 de octubre de 2006.

“Desde hace muchos años vengo insistiendo en el ejemplo que Eugenio Mendoza representa para todo el sector privado, venezolano o extranjero, que opera en Venezuela. Mucha gente que me conoce me ha escuchado repitiendo lo mucho que admiro su aporte y trayectoria.

Creo que es necesario entender el carácter visionario que tuvo, no sólo por lo que significa la fundación del Hospital Ortopédico Infantil en 1942, sino a partir de considerar su firme actitud de compromiso social en los años siguientes.

Venezuela es un caso posiblemente único en el mundo: todaví­a no habí­a una industria consolidada, estábamos en la primera etapa de la modernización del paí­s, y ya tení­amos aquí­ a un hombre pensando en problemas y en soluciones que alcanzarí­an una verdadera vigencia cuatro décadas después.

Siento que es útil ver la obra de Eugenio Mendoza en una perspectiva histórica. A comienzos de los años cuarenta ya él andaba promoviendo lo que a finales de la década de los setenta comenzarí­a a ser llamado Responsabilidad Social Empresarial. Tendrí­an que pasar dos décadas, para que a comienzos de los años sesenta, algunas universidades comenzaran a plantearse una reflexión sobre el tema de Ética y Negocios, que derivarí­a en la idea de que las empresas tienen alguna cuota de responsabilidad con respecto a la comunidad en la que actúan.

Serí­a todaví­a más tarde, a comienzos de los años ochenta, cuando en Venezuela, lo que vení­a como una tradición filantrópica derivará, por fortuna, en una actividad más estratégica y planificada, que tiene la voluntad de impactar de modo más hondo en el bienestar de la sociedad venezolana. Creo que sólo estos mí­nimos pensamientos explican de modo suficiente, cuál es la importancia de Eugenio Mendoza, y por qué recordarle en la fecha de su centenario está más que justificado.