Los canales alternativos y las nuevas tecnologí­as para la bancarización disfrutan de un alto potencial de desarrollo en América Latina, pero antes de que esta meta se consiga, será necesario establecer regulaciones especí­ficas para el campo de las microfinanzas, así­ como desarrollar canales de mercadeo, venta y cobranza orientados a los sectores de baja renta.

Juah Buchenau, especialista senior en microfinanzas del Banco Mundial, explicó que el potencial de las nuevas tecnologí­as y de los canales microfinancieros alternativos en la región se relaciona con la situación de relativamente bajo acceso de los sectores de menores recursos a los servicios bancarios formales. “Sólo 36% de la población de América Latina tiene acceso al sector financiero, y existe un muy bajo nivel de depósitos sobre el PBI, de entre 15% y 60%, en comparación con el 100% que se observa en paí­ses desarrollados”, destacó.

Otra caracterí­stica del mercado latinoamericano es la alta heterogeneidad de quienes demandan acceso a servicios financieros. Microempresas; empleados urbanos formales e informales, trabajadores rurales de diferentes grupos de edad y niveles educativos, conforman este universo. En la actualidad estos sectores son atendidos por oferentes de servicios igualmente heterogéneos: bancos públicos y privados, cooperativas, cajas de ahorro, ONG’s y prestamistas, entre otros. Por lo general, mientras más alto es el grado de pobreza de la población, menor es el acceso a servicios bancarios.

En el contexto de la región, según explicó Buchenau, Venezuela presenta la menor penetración de micro finanzas en América Latina.